En este post me gustaría contaros como ha sido mi relación con el trabajo de la piel, mi paso de la indiferencia al amor absoluto y como con su preparación previa podemos influir en los diferentes acabados cuando nos maquillamos.

Cuando comencé a coquetear con el maquillaje hace ya casi 8 años, sin duda lo que más me gustaba era trabajar los ojos, hacer degradados y transiciones perfectas o usar el color con mil una mezcla; me entusiasmaba pero dedicaba menos tiempo al resto. Con la experiencia, no solo aprendí a apreciar la importancia de una piel bien elaborada y cuidada sino a analizar el rostro en su conjunto, a descubrir las necesidades de la piel según la zona con la que estamos trabajando, descifrar todos los elementos que lo componen, el valor de cada uno y lo que podemos llegar a expresar con ellos porque como ya sabéis y si no ya os lo digo yo, como maquilladores, con nuestras herramientas, materiales y conocimientos podemos contar miles de historias, utilizando el rostro como un libro en blanco.

No hay que ser muy listo, para observar que la máxima extensión del rostro y el cuerpo, la compone la piel, por ello vamos a tener especial atención a la hora de trabajarla y no solo es una labor momentánea, sino que es algo que debemos comprometernos a hacer a diario. Hay que tener en cuenta que solo conseguiremos buenos resultados con el maquillaje si somos constantes y si nos cuesta mucho sobre todo aprender a ser prácticos para no aburrirnos.

Estoy segura de que alguna vez has escuchado decir que la piel tiene memoria, esta frase nos hace recordar la importancia de cuidar la piel de los efectos dañinos del sol, a no tocar granitos, deshidratación… con el objetivo de prevenir futuros daños que se agravan y aceleran el envejecimiento cutáneo.

No hay nada mejor que maquillar una piel en buen estado, y más aún si consideramos que más del 70% de un buen maquillaje, lo compone la piel.

¿Cómo conseguimos un buen estado de la piel?

No es una pregunta fácil de responder,  porque cada piel es un mundo, y sin duda alguna este hecho es de lo más divertido de esta historia, pero si puedo atreverme a dar algunos consejos útiles, rutinarios y sobre todo generalizados para conseguirlo.

En primer lugar, si estamos maquilladas, nos desmaquillamos y a continuación limpiamos. Para desmaquillar hay varias texturas desde las más acuosas a las más oleosas, su uso, es más cuestión de gusto que de otra cosa, debido al amplio abanico de productos que inundan el mercado.

La limpieza debemos hacerla siempre, es decir, que por la mañana también es muy importante porque de noche se activa la regeneración de piel y la liberación de toxinas.

El siguiente paso es tonificar, para muchos es desconocido o carente de importancia. Tonificamos para restablecer los niveles de pH de la piel, alterado por la limpieza, para refrescar y descongestionar.

Y esto ya esta casí hecho, nos faltaría, hidratar, optando por una crema adecuada a vuestro tipo de piel adaptándola al día y a la noche o incluso si después vamos a maquillarnos, podemos utilizar una según el efecto que queremos conseguir en una nuestra piel, más jugoso, mate o incluso directamente dar un poco de color.

shanna strobbe piel

FOTO: EDU GÓMEZ – MODELO: shanna strobe – MAQUILLAJE: LULÚ PÉREZ

Por el día las hidratantes deben de ser protectoras de los agentes externos y por la noche más regenerantes .

Para potenciar los efectos beneficiosos de la hidratante podemos usar sérums.

¡No podemos olvidar la hidratación de contorno de ojos y  los labios! Teniendo en cuenta que la piel que recubre la ojera es la más fina de todo el cuerpo, por lo que hay prestar atención especial a los productos que usamos para esta zona.

¡A ponerlo en práctica!